Sin entrar en el tema específico, que no es de mi competencia, quisiera sugerir algunas líneas de reflexión para nuestro trabajo común. Hemos comprobado que la cultura digital no es algo surgido de la nada, sino fruto de transformaciones sociales, culturales y tecnológicas, y algo muy condicionado por los poderes políticos y económicos. La cultura digital posee una propiedad muy importante, y es su capacidad de integrar conjuntamente lenguajes diversos, al mismo tiempo que fomenta una continua evolución y tensión entre orden y caos o, si se prefiere, entre el ya y el todavía no. De estas características pueden derivarse algunas actitudes y modalidades de acción muy interesantes. De los sustantivos a los verbos La cultura digital (CD) es cultura de acción, de participación, de interacción, y por lo tanto más cercana al verbo que a los nombres sustantivos. Por ejemplo, en vez de hablar de participación de la gente en la vida de la comunidad, se deberá `referir: la gente “participa” en la vida de la comunidad. El sustantivo puede delatar un modelo comunicativo top down, mientras que el verbo activo requiere una organización pluralista y democrática. De las estructuras a los procesos La CD es cultura de procesos, basada ciertamente en estructuras complejas, pero que deben permitir a los individuos y a la comunidad el poder actuar, comunicar y construir. Involucrar a las personas en la programación de un proyecto pastoral es mucho más importante que realizarlo. De los lugares de encuentro al encuentro de las personas La CD es cultura de encuentro. Con el concepto de “desterritorialización” se quiere superar la necesidad del lugar físico, pues lo que interesa es la actividad que pone en relación a los participantes en el encuentro. Si la iglesia no funciona como lugar de encuentro, se trata de ir al encuentro de la gente donde ella se encuentra. De una jerarquía de “ordeno y mando” a la fraternidad de servicio La CD en su versión utópica y romántica es cultura de comunidad, donde los mejores se reconocen por su competencia y generosidad. La utopía del compartir y de la supresión de la propiedad intelectual puede percibirse a la luz de la distribución evangélica de los bienes materiales. Hoy día el bien principal es la cultura, que debe ser ampliamente compartida. De la instrucción e información al diálogo y a la comunicación La CD no escapa al reproche de ser una cultura de la información y de producirla en tal medida que acaba perdiendo valor. Se le acusa también de ser cultura de las divisiones. Sin embargo, como hemos visto, es también cultura del encuentro, del diálogo y de la comunicación, superando los límites territoriales, culturales, religiosos, políticos y económicos. Me permito dar algunas sugerencias para una pastoral y una catequesis que quieran entrar en el mundo de la red. Es importante entender lo específico comunicativo de cada medio. Entender lo específico comunicativo quiere decir qué tipo de relación comunicativa se puede establecer y qué cosa se puede esperar de un medio. Dando por descontado que las relaciones comunicativas por excelencia para la acción educativa, pastoral y catequética son las relaciones interpersonales y comunitarias, las formas mediadoras de comunicación pueden ayudar en diversos modos complementarios a integrar la misión. Internet con sus características comunicativas puede ser un lenguaje excelente para la condivisión de recursos, para la discusión temática a través de los forums y el chat, para la actualización y la educación religiosa a distancia. Puede ser un lugar de denuncia y de continua militancia acerca de los problemas humanos y de su dignidad. Un sitio en Internet puede ser un lugar de encuentro ya sea de la comunidad parroquial, como de los grupos que trabajan en el territorio. Puede ayudar en la programación y en la organización de un grupo juvenil, de una parroquia o de una diócesis a través el continuo diálogo y debate que se puede proponer mediante los servicios de forum y correo electrónico. Internet es también el lugar de las discriminaciones para quien no tiene acceso o para quien no está alfabetizado y entonces estos problemas no pueden ser ignorados en las opciones pastorales y catequéticas. Incluso, si la tecnología puede parecer compleja y hostil, el verdadero problema es cultural y eclesiológico. Es, en efecto, el modelo estructural comunicativo de Internet que propone un modo de construir la comunicación a través el diálogo y la participación de los individuos y de la comunidad virtual. Un modelo comunicativo circular que crea un flujo permanente de diálogo. En internet existen ciertamente modalidades comunicativas top-down, pero de por sí su naturaleza es bidireccional y múltiple. En su caótica contrariedad Internet favorece la polifonía de las opiniones y de las verdades más que el absoluto y la rigidez objetiva. Otro aspecto que merece ser tomado en consideración y profundizado es la opción del sistema operativo. En una óptica de desarrollo comunitario y atención a quien tiene más dificultades socio económicas, es importante dirigirse hacia el open source como filosofía y al sistema operativo Linux. Muy a menudo en el ámbito eclesial no se reflexiona sobre las consecuencias de las opciones tecnológicas y lo que implica ligarse a un cierto tipo de sistema operativo más que a otro. Reconozco que este recorrido representa solamente una rápida ojeada a la problemática de la cultura digital. Con todo, espero que estos puntos de reflexión ofrecidos puedan ser ocasión de profundización personal.
Fabio Pasqualetti
estudios@misionjoven.org
